No hace mucho hablábamos Vicente y yo de las cosas importantes de la vida sentados a la mesa de la cocina. Hablamos de lo mucho que sabíamos cuando teníamos veinte años y de lo poco que sabemos ahora que tenemos treinta. Nos echamos a reír porque no nos salían las cuentas. ¿Cómo iba yo a saber más hace diez años que ahora? Pero, joder, qué cierto es. Así que dejamos la cocina y nos fuimos a un bar, como cuando éramos jóvenes, a beber cosas de mayores.