Hoy he pasado por delante de un policía y de su metralleta. Estaba ahí, el policía, tan tranquilo, con el arma en el regazo, como quien acaricia un gato. Pienso que si yo tuviera una metralleta en las manos, estaría histérica. Pero como la tiene él, solo me he puesto muy nerviosa.