Esta semana ya he zanjado tres conversaciones de esas de nuestra generación con un “Soy fuerte, aguerrida e independiente. Pero, ¿has visto qué bien me ato los cordones? ¿Lo has visto? ¿Y AHORA?”. Ni que decir tiene que en todas lo he acompañado de un guiño, un codazo, un chasquido, un paso de claqué, un solo de batería y un salto carpado hacia adentro y mortal hacia atrás. Sobre todo mortal.