Planté pensamientos en las jardineras de mi ventana. Son fuertes, dijeron. Soportan bien el frío, dijeron. Solo necesitan agua y luz, dijeron. Agua y luz. Pero la verdad es que murieron. Me empeñé en salvarlos. Me empeñé por la mañana al despertarme y me empeñé por la tarde al volver del trabajo. Pero la verdad es que murieron. Dicen que las plantas se estresan. Agua y luz. Que necesitan tiempo para adaptarse y que no todas lo consiguen. Agua y luz. Ahora tengo pensamientos muertos en las jardineras de mi ventana. Debería comprar otros nuevos. Son fuertes, dicen, soportan bien el frío, dicen, solo necesitan agua y luz, dicen. Quizá lo intente de nuevo. Quizá esta vez podría hablar con ellos. “Quizá esta vez podríais no moriros, MALDITOS HIJOS DE PUTA DESAGRADECIDOS”.